OlvidarHace unos días apareció al sur de Inglaterra un joven vagando por la playa, con su pulcro traje oscuro sin etiquetas, como un náufrago vomitado por el mar. Un joven que no habla y cuyo único medio de expresión es el piano.
Nadie sabe quién es ese chico de rostro triste y pelo rubio casi blanco, nadie sabe si no puede o no quiere hablar, nadie sabe si tiene amnesia o si tan sólo intenta olvidar.
Hace tiempo leí algo sobre unas inyecciones para olvidar. Un pinchazo y puedes borrar malos recuerdos, jugársela a tu memoria. Y es verdad que a veces preferiríamos olvidar. Pude que en ese futuro de ciberimplantados que yo imagino, nuestra memoria sea controlable a un click de ratón, y podamos borrar los momentos desagradables como los malos chistes reenviados. Pero no sería lo mismo, nos forman nuestros recuerdos, los malos y los buenos, y aunque a veces es necesario olvidar, aunque a veces el propio cuerpo es el que resetea nuestra mente haciéndonos olvidarlo todo… somos lo que vivimos y lo que sufrimos, lo que reímos y lo que lloramos, lo que tememos y lo que anhelamos, lo que amamos y lo que odiamos, y renunciar a ello sería renunciar a saber quiénes somos.
“Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos.”Jorge Luis Borges
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Redecora tu vida“Redecora tu vida. Independízate”. Ese lema cubría grandes vallas del metro de Madrid, y yo soñaba con esa libertad, pero resulta que los mismos que me empujaban a ello desde esos carteles de color rosa son los mismos que impiden que sea una mujer independiente .
Podemos ser inteligentes, estar preparadas, tener un trabajo, un máster, comprar, vender, viajar, y no necesitamos a un hombre, ni siquiera para tener un orgasmo o un hijo. Pero un día vas a Ikea, compras una lámpara preciosa y cuando llegas a tu apartamento de 30 metros cuadrados y abres el paquete, descubres que necesitas un hombre y un destornillador de estrella, y el mundo se te cae encima. Entonces gritas “mi reino por un caballo” pero ahí estás, en tu piso, con tu tarjeta de crédito, con tu fox-terrier vestido de marca, con tu lámpara de diseño sueco y llamando por teléfono a un hombre. Y en ese momento pones a dios por testigo de que no volverás a cambiar de canal cuando hay Bricomanía.
“Cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, de pronto, cambiaron todas las preguntas”. Mario Benedetti
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Época de cambiosParece ser que ella nunca será reina de corazones, más que nada porque no rebosa glamour ni embutida en Chanel por los cuatro costados, no tiene la piel tersa de ricachona momificada y camina entre la alta sociedad inglesa como si estuviese en su casa de campo entre las ovejas. Pero Camilla tiene algo que a mi me seduce y, a juzgar por los hechos, a Carlos de Inglaterra también.
Me sorprende que el problema, ante todo, es visual. El escándalo no es que Carlos haya tenido una amante desde antes de estar casado, sino que ella no sea una belleza deslumbrante que se desliza sobre alfombras rojas como una Mata Hari de la vida, sino que sea lo más parecido a una sencilla granjera preocupada por el bien de sus gallinas.
Con la historia de Camilla hemos descubierto que hay otra clase social en la que también hay que nacer, la de los guapos. Puede comprarse el billete en algún cirujano de prestigio pero no es lo mismo. Mientras la “alta suciedad” y las “belén estéban” londinenses se retuercen intentando encajar a esa mujer corriente tirando a fea, ella es reina absoluta del corazón de un hombre, y eso, que lloren las guapas, no depende de lo terso de sus muslos.
Por encima de todo esto Camilla sigue fiel a su peinado de los años 70, porque a Carlos le gusta, y aunque la peinan los peluqueros más glamourosos de Londres, cualquiera diría que salió de una peluquería de Vallecas regentada por dos amas de casa. ¿Acaso importa? Camilla es la cenicienta moderna, la nueva heroína y sobre todo, la única mujer a la que le encaja el zapatito de cristal, aunque no sea una diosa.
Carlos estaba casado con la “princesa” perfecta, pero supongo que lo que queda tan bien en las fotos de la revista Hola no es lo mismo que en la vida real. Nos venden una imagen de felicidad perfecta: vacaciones en las Fidji, liposucción, alta costura, lifting, retoños vestidos de Christian Dior hasta los pañales… pero la vida real puede que sea más sencilla que todo ese artificio. Ahí están Carlos y Camila, queriéndose en contra de todo lo estipulado. Y como en los buenos telefilmes de después de comer, al final juntos y a punto de irse a vivir a un palacio.
Adoro a Camilla, por haber demostrado al mundo que ni los huesos marcados, ni las piernas de vértigo, ni nada de todo ese culto a la imagen tiene que ver con el amor. El amor va más allá, incluso de lo que el mundo quiera imponer según sus estúpidas convenciones.
“Las mujeres demasiado bellas sorprenden menos el segundo día.”Stendhal
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Un año en el ciberespacioEl día 3 hizo un año que aterricé en el asteroide B612. Una vuelta completa del planeta tierra alrededor del sol y un millón de cosas más. Desde aquí arriba todo se ve diferente, por eso a veces no me entendéis. AlieNNacion es el lugar donde puedo ser yo misma, y desde donde asomo las antenitas a curiosear en ese mundo vuestro tan incomprensible.
Ha pasado algo malo, y es que todos los comentarios del blog se han perdido en el ciberespacio, a veces, tan traidor. Había algunos realmente especiales que me reconfortaban, incluso hacían que me sintiese un poco menos extraterrestre. De esos comentarios nació algo único con
worm, además de un total acuerdo en que Kill Bill (volumen 1 y 2) son una obra maestra.
A veces mis amigos protestan porque si estoy disfrutando de algo quiero hacer fotos de todo y de todos, y me dicen olvídate, diviértete. Pero en la vida no son muchos los momentos maravillosos y cuando los encuentro quiero fotografiarlos en un afán algo ingenuo de retener el momento, de guardarlo para mí y que no se escape para siempre. Me hubiera gustado tener cada uno de los comentarios que recibí, aunque las emociones que me ha proporcionado cada respuesta están guardadas en ese disco duro especial que ningún fallo electrónico puede borrar.
Supongo que la felicidad es algo tan inmenso y extraño que cuando la tenemos ahí delante lo único que somos capaces de sentir es miedo. Un miedo atroz a perderla. E intentamos enlatarla de alguna forma para cuando ya no la tengamos. El problema es que nada se puede enlatar salvo el atún. La vida pasa, los momentos también, las sensaciones se escapan, y no podemos repetir nada de lo que sucede en la película de nuestra vida. No podemos rebobinar una y otra vez a ese momento donde nos hubiera gustado que se detuviese el mundo eternamente.
No importa que no entendáis, que no os guste o que no os interese. No entréis en este blog, olvidadlo en el inmenso océano ciberespacial. Me gustan vuestras críticas, me gustan mucho, y escribiré otras cosas en otros lugares, pero AlieNNacion es mi visión del mundo y no puedo cambiarla.
Hay demasiadas cosas a estas alturas de mi vida que ya no puedo cambiar y posiblemente si las cambiase ya no sería yo. El ritual de apareamiento del león africano en Nathional Geographyc y la mirada soñadora sobre ese mundo vuestro lleno de contaminación y superficialidad, en el segundo asteroide a la derecha, B612.
“Los que sueñan de día son conscientes de muchas cosas que escapan a los que sueñan sólo de noche”.Edgar Allan Poe
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EL DESAFÍO DE VOLARLlegué a Madrid y tuve que irme corriendo al siguiente avión, pero al pasar el control de viajeros la alarma comenzó a sonar. Encogí los hombros y miré al de seguridad, porque yo sólo llevaba una falda sin bolsillos y una camiseta, y no iba a quitármelos. Entonces me manda abrir los brazos y comienza a pasarme el detector portátil. Nada por aquí, nada por allí… y al pasármelo por delante vuelve a pitar. El tío, entrenado en espionaje e interrogatorios en algún submarino soviético lleno de vodka, fue directo al lugar, a la parte concreta de mi cuerpo sospechosa de violar alguna ley. Plantó el detector delante de mis pechos y la sirena comenzó a sonar. Yo me puse roja y volví a encoger los hombros. Cuando estaba al borde del llanto y de alegar entre sollozos que son naturales, que me las hizo mi madre, y de sacar la pegatina de “Ternera Gallega, Galicia Calidade”, el hombre se compadeció de mí y me dejó continuar.
Entonces recordé una de esas noticias estúpidas a las que soy tan aficionada: “las empresas de lencería norteamericanas han sacado al mercado un nuevo sujetador, con aros de resina, para que las mujeres que viajan en avión no tengan problemas con los detectores de metales”. Si por unos aros se monta esto no quiero imaginar lo que puede pasar con el sujetador-coraza de Xena, la princesa guerrera.
Después de esto, en el avión, un azafato nos explica que si el aparato pierde altura, es decir, que si caemos en picado, que nos pongamos un chaleco salvavidas. Y digo yo que a 10.000 metros de altura no sé si solucionaremos mucho saltando al vacío con un flotador que parece sacado de un todo a cien. Y no digamos si tienes que inflarlo a pulmón porque no funciona la anilla. Ya me veo descendiendo a 200 kilómetros por hora y soplando por el tubito rojo cual concursante de “Qué apostamos”. Dudo que cuando llegue al mar me sirva de algo, porque a esa velocidad el agua es como una plancha de acero, y eso en el caso de que no sobrevolemos tierra, porque salvo en La Moraleja, en el resto de tierra hay que tener mucha puntería para caer en una piscina.
Luego viene lo del oxígeno, aunque, en realidad, si el avión tiene posibilidades de caer, lo primero que hacen es sacar las mascarillas de oxígeno para que el personal se “coloque” y no busque esos chalecos salvavidas que no existen. Repito: no existen. Sólo hay ese que usan las azafatas para hacer el numerito del principio, que a mi me recuerda a algún baile del verano estilo la macarena o el aserejé.
Después de unos diitas en Coruña, y de comprobar que mis amigos “la tropa” y la Estrella Galicia, (mezclados, no agitados), son el mejor remedio para la morriña, llegó la hora de volver a Palma. Me presenté en el aeropuerto con la maleta y un par de empanadas. El amigo flofly me dijo que trajera 50 kilos, pero me habrían pillado por consumo, posesión y tráfico, y yo, la verdad, ya tuve bastante con lo del sujetador.
“Es hora para la raza humana de entrar en el sistema solar”. George W. Bush
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EL PARAÍSO TIENE NOMBRE Era un sueño, uno de tantos que, por circunstancias, nunca había podido hacer realidad. Ahí estaba yo, caminando por el asfalto hacia las afueras de la ciudad, siguiendo el mapa. Rumbo a mi anhelado destino comencé a adentrarme en un paisaje post-apocalíptico, lleno de basura y con un trágico hedor a putrefacción, en el que parecía que el único ser vivo era yo. Podría haber dado la vuelta pero, el paraíso me esperaba.
A los pocos minutos, el enorme cartel se alzó ante mí recortando el cielo en la oscuridad, mientras yo me volvía más insignificante a medida que me acercaba a la mole de hormigón. Había llegado. Después de tantos años, al fin;
IKEA.
Me adentré con la expectación de quien descubre lo desconocido. Hice una parada en boxes para aprovisionarme de block y lápiz, siguiendo las instrucciones de mi tía Conka, y también un metro de papel, aunque yo sólo iba a comprar una alfombrilla para mi ratón, que animal lo que se dice animal no es, pero compañía me hace mucha. En ese momento me entretuve pensando en que menos mal que los lápices son pequeños porque si cada persona coge dos y uno adicional para el primo de Cuenca como souvenir, gastan más madera en lápices que en muebles.
Ya estaba preparada para la cuenta atrás. Abandoné la oscuridad para acercarme a LA LUZ, y me conmoví profundamente en medio de aquel lugar irreal en el que desearía quedarme siempre y en el que no parecía que fuese posible otra sensación que la felicidad absoluta. Avancé conteniendo mis emociones, aferrada al lazo de mi falda, para que toda aquélla gente atareada con sus metros de papel no se percatase de que yo era una paleta impresionada por tanto diseño sueco.
Aquello es alucinante. No es la típica superficie diáfana en la que te mueves como quieres, nononono. Esto está creado en forma de laberinto de único sentido con una flecha hacia delante, para que no se te ocurra volver atrás. Avanzas como una oveja clonada por un aficionado, babeando ante dormitorios de ensueño, cocinas perfectas y salones de teleserie.
Allí dentro, completamente idiotizada, comprendí esas vallas que cubrían el metro de Madrid: “Redecora tu vida. Ten un hijo. Ikea”. Quise tener un hijo, independizarme y todo lo que rezaba su publicidad con tal de contentar la retina cada segundo de mi vida con esos muebles probados para que los niños salten 4 millones de veces y la tela “rosa pasión” quede intacta. Así que me apresuré a salir de allí antes de cometer una locura y seguí la flecha. Lámparas en forma de pulpo, tapas para el water de madera (claro, son nórdicos, allí hace frío y…)objetos no identificados, cosas indescriptibles a las que tenía que leer la etiqueta para descubrir su función…
Hora y media después abandonaba Ikea maravillada y con una bombilla en mi poder. Si, una bombilla. Seguro que dijeron: hala con la paleta, una hora y media, se lleva dos lápices y no compra una lámpara en verde polifónico o un sofá convertible en armario color naranja psicodélico... no, compra una bombilla.
“Compramos muebles, así es como llenamos nuestras vidas. Ya no miramos pornografía. Tenemos el catálogo de Ikea”Jack (
El club de la lucha)
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BASURAHubo una noche que volvía a casa, caminando por la ciudad desierta y escuchando como el mar se mece sobre las rocas. En ese regreso solitario pasé cerca de un contenedor en el que dos hombres se afanaban en una ardua búsqueda, dos hombres que bajaron la mirada a mi paso mientras uno de ellos se maldecía a sí mismo con rabia y tristeza, como disculpándose por la estampa que mis ojos entrenados en finales "made in hollywood" tenían que contemplar.
Entonces pensé en las cosas que tiramos, en mi basura, en que los desperdicios de uno pueden ser el tesoro de otro, y me pareció desgarrador que medio planeta viva de lo que tira el otro medio.
No tiene que ser agradable revolver entre la basura ajena, ni comer los yogures caducados que tiran los del súper, ni buscar restos en el contenedor de al lado del mcdonalds. Pero eso no importa, lo importante es no verlo, girar el cuello y apartar la mirada, como si no nos enterásemos, como si no lo viésemos. Somos muy cobardes, nunca miramos directamente aquello que resulta duro, aquello que rompe la perfección de ese mundo que nos venden las series de televisión. Sólo miramos de soslayo.
Lo que más me conmovió fue ver a un crío de mi edad, un día, buscando en el contenedor de enfrente de mi casa y al que la policía recriminó. En ese momento sentí que era yo la que estaba allí removiendo la basura, avergonzándose de tener que hacerlo, y noté la impotencia de vivir en un mundo que no es justo, en una sociedad en la que tienes que sonrojarte y arrepentirte por estar condenado a bucear en la basura para sobrevivir. Y recordé los contenedores derribados el sábado por la mañana, como rinocerontes abatidos en una jungla de asfalto, por algún niñato medio borracho.
Vivimos en un mundo de miradas estúpidas, y de apariencias inútiles que sólo nos hacen más hipócritas cada vez, convirtiéndonos a nosotros mismos en la auténtica basura. Por eso odio vivir a la luz del día, donde hay demasiadas cosas que no deben verse aunque están ahí. Prefiero la oscuridad, el mundo asquerosamente real y sincero, y no esos días soleados que parecen sacados de un capítulo de “Vacaciones en el mar”. Prefiero ver el mundo en todo su esplendor de caos y basura.
“El lugar de Dios es el mundo, pero el mundo no es un lugar de dios.” Sinead O’Connor
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“SONATINA"La princesa está triste... ¿qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.
El jardín puebla el triunfo de los pavos reales.
Parlanchina, la dueña, dice cosas banales
y vestido de rojo piruetea el bufón.
La princesa no ríe, la princesa no siente;
la princesa persigue por el cielo de Oriente
la libélula vaga de una vaga ilusión.
¿Piensa acaso en el príncipe de Golconda o de China,
o en el que ha detenido su carroza argentina
para ver de sus ojos la dulzura de luz,
o en el rey de las islas de las rosas fragantes,
o en el que es soberano de los claros diamantes,
o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?
¡Ay!, la pobre princesa de la boca de rosa
quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,
tener alas ligeras, bajo el cielo volar;
ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
saludar a los lirios con los versos de mayo
o perderse en el viento sobre el trueno del mar.
Ya no quiere el palacio ni la rueca de plata,
ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata,
ni los cisnes unánimes en el lago de azur.
Y están tristes las flores por la flor de la corte;
los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte,
de Occidente las dalias y las rosas del Sur.
¡Pobrecita princesa de los ojos azules!
¡Está presa en sus oros, está presa en sus tules,
en la jaula de mármol del palacio real;
el palacio soberbio que vigilan los guardas,
que custodian cien negros con sus cien alabardas,
un lebrel que no duerme y un dragón colosal!
¡Oh, quién fuera hipsipila que dejó la crisálida!
(La princesa está triste, la princesa está pálida)
¡Oh, visión adorada de oro, rosa y marfil!
¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe
-la princesa está pálida, la princesa está triste-
más brillante que el alba, más hermoso que abril!
-¡Calla, calla, princesa -dice el hada madrina-,
en caballo con alas hacia acá se encamina,
en el cinto la espada y en la mano el azor,
el feliz caballero que te adora sin verte,
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,
a encenderte los labios con su beso de amor!Rubén Darío
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BANG BANG

He gastado mi vida intentando evitar lo inevitable, pero de pronto un disparo cae sobre mi y todo cambia, todo despierta dentro. He pasado mucho tiempo muerta, dormida… porque así no se siente nada y es más fácil. Y vuelve a resonar Metallica en mi cabeza: “Exit light, enter night, take my hand we’re off to Never-Neverland…” supongo que no dejo de pensar en eso porque yo odio vivir con la luz encendida, prefiero la oscuridad, los monstruos tal vez, pero poder soñar, gritar aunque sea de miedo…
Este es un momento extraño de mi vida, el más caótico, parece que todo gira y da vueltas como esta foto que me sacó
worm con mi falda a lo Gogo Yubari. Da la impresión de que el mundo me centrifuga, y en realidad es lo que está pasando.
Pero cuando la lavadora de la vida decide parar unos segundos, descubro reflejado en el cristal esa sonrisa en mis labios y una mirada líquida que hacen que no quiera que esto termine. Me recuerda a la primera vez que monté en una noria enorme. Sentía miedo, un movimiento desconocido y emoción, pero desde ese día me encanta despegar los pies del suelo…
He vivido soñando que algún día… pero me he dado cuenta de que algún día es hoy… aquí… ahora…
...
escuchando Bang Bang (Nancy Sinatra)
I was five and he was six
We rode on horses made of sticks
He wore black and I wore white
He would always win the fight
Bang bang, he shot me down
Bang bang, I hit the ground
Bang bang, that awful sound
Bang bang, my baby shot me down.
Seasons came and changed the time
When I grew up, I called him mine
He would always laugh and say
"Remember when we used to play?"
Bang bang, I shot you down
Bang bang, you hit the ground
Bang bang, that awful sound
Bang bang, I used to shoot you down.
Music played, and people sang
Just for me, the church bells rang.
Now he's gone, I don't know why
And till this day, sometimes I cry
He didn't even say goodbye
He didn't take the time to lie.
Bang bang, he shot me down
Bang bang, I hit the ground
Bang bang, that awful sound
Bang bang, my baby shot me down...
“Es una locura amar, a menos que se ame con locura”.
Jean Ythier
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